miércoles, 5 de febrero de 2014

Historias de pensamientos perdidos

Estaba tan perdida que sus pasos sólo podían avanzar. A veces el tiempo la cogía, y otras veces parecía no pasar. Nada a su alrededor seguía siendo igual, y el mundo parecía perderse en la infinidad.
¿Habrá una casa? Nunca será un hogar.
¿Existirán los sueños? Nunca se harán realidad.
Sabía aquello tan a dentro, que en su maleta sólo portaba el corazón. Corazón herido, maltrecho, y aún así latiendo. Puede que nada siga existiendo, pero yo seguiré andando. Caminando al fin del mundo, o incluso al otro lado.
Paso tras paso, piedra tras piedra, y seguía cayendo. ¿Queda algún recuerdo? De lo más incierto, de lo más irracional, a veces quedan los recuerdos de un pasado que no es verdad.
Se obliga a pensar que ya nadie la alcanza, que camina sola, que no se inclina la balanza. Pero hay más gente, más caídas, más tardanza. Y el tiempo a nadie espera, es la mentira de la esperanza.
Que todo cambie, que nadie llame, que caiga la lanza. Un espíritu sin compañía, una luz en la lejanía, una señal de confianza.
Ya da igual, ¿qué importa si no llega mañana? Camina, camina, sigue andando.
No te pares a mirar. No saludes. No.
El camino se hace sola, porque ya hay bastantes piedras para caer.
La imagen perdida entre la piel, y las heridas sangrando, pueden hacerte perder. Tenlo en cuenta. Levántate.

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